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La tertulia de los vagos.

Vio lo colorido desde el balcón gris
A veces le resultaba complicado
La tertulia y los parientes
Y los sabores delicados
Tanto desafío le doblaba la mano
A veces le resultaba complicado
La osadía, a regañadientes
Y los saludos del anciano
Con un cuchillo de mango dorado
A veces, le resultaba complicado
La lengua, terribles dientes
Y su cuello desangrado
Se puso su manta el joven osado
A veces le resultaba complicado
La muerte, la sangre siempre
Y la risa, en el santuario
Dentro de una caverna de plata
Ya nada era muy complicado
En su trono estaba campante
Era el poder, estaba sentado
El joven osado, único hombre
El señor de lo complicado
Era más débil que el que siente
Ese hombre que está sentado
Más allá de lo que creíamos
Ocurrió lo más complicado
La sangre joven que quiere
Acabar con lo callado
El hombre sentado se ríe
Nada fue más complicado
Humillación, muerte
Penurias, perdón
El demonio ha hablado.
El joven venció al tirano poder
Se siguió todo complicando
Nada fue evitable
El hallazgo fue uno solo
El escudo…
En el infierno, la suerte
Es del que estuvo hablando.
Vio lo colorido del balcón gris
A veces, al joven le resulta complicado
Con un cuchillo en su mano
Al viejo poder, seguir ensuciando.
tópicos
crítica social,
injusticias,
literatura,
pensamientos,
poemas,
relatos,
sueños
El profeta.
Estaba sentado el viejo, con su larga barba y su capa al viento. El sol iluminaba sus ojos, que resplandecían de una manera especial, resaltando el brillo de sus azules ojos, que daban a notar una profundidad de conocimiento que emocionaba a sus jóvenes discípulos, los que estaban sedientos del conocimiento que el buen anciano les podía entregar. Demostraba una tranquilidad increíble, su forma de hablar emocionaba alegremente a sus interesados alumnos. El viejo dejó de hablar, y mira súbitamente las montañas, que destacaban en el fondo del campo de reunión. Se escuchó el silencio. El anciano abrió sus brazos, dándoles la espalda. Cerró los ojos y dijo ante la interesada mirada de sus jóvenes feligreses:
-La vida se ha ido alargando, pero poco a poco, y cada vez que miramos la montaña, podemos darnos cuenta de que somos eternos. La montaña es como la muerte, nos limita a ver más allá.
Uno de ellos, el más interesado en aprender y en adquirir aquellos nobles conocimientos del anciano, lo mira con desconfianza. No parece creer en las palabras que dice el viejo, especialmente los temas referentes a las experiencias post-mortem y a la trascendencia del ser. Entonces, decidió tomar una decisión que cambiará el curso de la sabiduría.
-¿Cómo usted nos puede asegurar que después de esa montaña hay algo mas allá?
–Dijo el discípulo, en tono burlesco.
-Simplemente, mi querido aprendiz, debes buscar el por qué el sol se esconde en ese lugar. Y no yendo a la montaña, sino viendo tu luz interior, que aún veo oculta dentro de ti, ya que no te permite mirar la realidad mas allá de sus apariencias. –Explicó el viejo, condescendiente con el joven muchacho.
-Creo que la certeza está dada por los sentimientos, los que percibimos a través del sentir y por nuestra experiencia. Eso es lo que determina la realidad. ¡Lo tangible! –Se defendió el discípulo.
-Cuán equivocado estás, hijo mío. No se siente de la misma forma una roca al mirarla, que al tocar las con las manos o al recibirla con la cabeza. ¡Las cosas cambian, y pueden superar la materia, pero siguen siendo reales a pesar de no ser evidentes! –Respondió indignado el anciano.
-No estoy de acuerdo maestro. Para mi, lo evidente está aquí, y es lo que podemos percibir. Y para demostrárselo, lo reto a un desafío… Le propongo escalar la montaña en el momento cuando se esconda el sol, para que lleguemos al otro lado de la montaña, comprobando de esta manera que perdemos nuestro tiempo al pensar que después de la montaña hay mucho por descubrir. ¡No es así!, ¡No olvidemos ni descuidemos nuestra realidad por querer ser eternos! –Dijo en tono agresivo el discípulo.
-Acepto el desafío, temerario joven. Solo espero que puedas superar a este humilde anciano. –Dijo el profeta, de forma serena.
Ninguno de los dos esperaba lo que estaba a punto de suceder. Para bien o para mal, con cada atardecer, siempre hay algo que cambia en el mundo, y que jamás volverá a ser igual.
Llegó el atardecer. Llega el viejo profeta de aspecto simple y sereno, y a su vez, el joven aprendiz, de forma impetuosa y muy curiosa, observando su entorno. Se miran fijamente, y comienzan a escalar. El camino era muy complicado. Había mucha maleza, rocas, y escombros, que les dificultaban el camino. Aun así, el profeta no perdía la calma, ni tampoco su discípulo perdía su atrevimiento, su osadía, ni su ímpetu. A pesar de lo dificultoso que resultaba ser, lograron llegar arriba, a la cúspide de la montaña, después de eternos minutos de caminar, escalar y subir.
-Aquí está bien. Hemos llegado, hijito mío. –Dijo el anciano.
-Bueno, es la hora de saber la verdad de la existencia humana. –Respondió con arrogancia el joven.
-El sol se está escondiendo, pero en la montaña de más allá. Si quieres ir en búsqueda de su luz, debes consultar tu interior, porque el camino físico para conseguirlo es tan interminable y lleno de límites como la existencia humana, limitada por uno mismo y por otras montañas. –Explicaba el profeta a su aprendiz.
-Solo por el camino empírico puedo descubrir la realidad. –Respondió orgullosamente el discípulo.
-Escupe al cielo y te caerá en los ojos, amado aprendiz. –Dijo el maestro, al apuntar al sol, que seguía tratando de esconderse más allá de la montaña.
En eso, la luz del sol aumentó. Y el joven discípulo perdió la vista de manera repentina, por la intensidad de la luz.
-Ahora, entenderás que la luz vive en ti. –Dijo compasivamente el profeta.
-¡No puedo aceptarlo! –Gritó el joven.
-Descubre lo esencial de la vida. La realidad sigue existiendo. Más allá de los sentidos hay otros sentimientos, esa es la luz de tu eternidad. Pero tu cuerpo es la montaña. ¡Se libre hijo mío, encuentra tu luz!, ¡Deja que tu espíritu amanezca!, ¡Y que el sol que hay dentro de ti ilumine al mundo! –Replicó enérgicamente el anciano maestro, mientras ponía la palma de su mano derecha sobre la espalda del joven, empujándolo al vació.
Se sintió un grito seco. Y cuando sonó su cuerpo al reventar en tierra firme, la noche cubrió de sombras todo el lugar… El sol había pasado a la historia. El viejo se quedó ahí, reflexionando de manera pacífica. Su cuerpo irradiaba paz a todo su entorno.
Cuando al otro día amaneció, el alma del discípulo conjugada con el sol irradió vida a todos los lugares del orbe. Como tantos otros, comprobó, al dar su vida, la eternidad del ser, la trascendencia humana mas allá de lo que se entiende por realidad. El hombre eterno es el que irradia vida, a pesar de que viva eternamente, o deje morir la materialidad.
El viejo bajó de la montaña, contento al saber que una persona en este mundo ha podido entender su palabra, y unirse con el infinito, irradiando vida y esperanza a todos los seres del universo.
-El tiempo y el espacio siguen siendo los espejismos que llamamos realidad. –Dijo el viejo profeta, esperando que este final quede abierto.
-La vida se ha ido alargando, pero poco a poco, y cada vez que miramos la montaña, podemos darnos cuenta de que somos eternos. La montaña es como la muerte, nos limita a ver más allá.
Uno de ellos, el más interesado en aprender y en adquirir aquellos nobles conocimientos del anciano, lo mira con desconfianza. No parece creer en las palabras que dice el viejo, especialmente los temas referentes a las experiencias post-mortem y a la trascendencia del ser. Entonces, decidió tomar una decisión que cambiará el curso de la sabiduría.
-¿Cómo usted nos puede asegurar que después de esa montaña hay algo mas allá?
–Dijo el discípulo, en tono burlesco.
-Simplemente, mi querido aprendiz, debes buscar el por qué el sol se esconde en ese lugar. Y no yendo a la montaña, sino viendo tu luz interior, que aún veo oculta dentro de ti, ya que no te permite mirar la realidad mas allá de sus apariencias. –Explicó el viejo, condescendiente con el joven muchacho.
-Creo que la certeza está dada por los sentimientos, los que percibimos a través del sentir y por nuestra experiencia. Eso es lo que determina la realidad. ¡Lo tangible! –Se defendió el discípulo.
-Cuán equivocado estás, hijo mío. No se siente de la misma forma una roca al mirarla, que al tocar las con las manos o al recibirla con la cabeza. ¡Las cosas cambian, y pueden superar la materia, pero siguen siendo reales a pesar de no ser evidentes! –Respondió indignado el anciano.
-No estoy de acuerdo maestro. Para mi, lo evidente está aquí, y es lo que podemos percibir. Y para demostrárselo, lo reto a un desafío… Le propongo escalar la montaña en el momento cuando se esconda el sol, para que lleguemos al otro lado de la montaña, comprobando de esta manera que perdemos nuestro tiempo al pensar que después de la montaña hay mucho por descubrir. ¡No es así!, ¡No olvidemos ni descuidemos nuestra realidad por querer ser eternos! –Dijo en tono agresivo el discípulo.
-Acepto el desafío, temerario joven. Solo espero que puedas superar a este humilde anciano. –Dijo el profeta, de forma serena.
Ninguno de los dos esperaba lo que estaba a punto de suceder. Para bien o para mal, con cada atardecer, siempre hay algo que cambia en el mundo, y que jamás volverá a ser igual.
Llegó el atardecer. Llega el viejo profeta de aspecto simple y sereno, y a su vez, el joven aprendiz, de forma impetuosa y muy curiosa, observando su entorno. Se miran fijamente, y comienzan a escalar. El camino era muy complicado. Había mucha maleza, rocas, y escombros, que les dificultaban el camino. Aun así, el profeta no perdía la calma, ni tampoco su discípulo perdía su atrevimiento, su osadía, ni su ímpetu. A pesar de lo dificultoso que resultaba ser, lograron llegar arriba, a la cúspide de la montaña, después de eternos minutos de caminar, escalar y subir.
-Aquí está bien. Hemos llegado, hijito mío. –Dijo el anciano.
-Bueno, es la hora de saber la verdad de la existencia humana. –Respondió con arrogancia el joven.
-El sol se está escondiendo, pero en la montaña de más allá. Si quieres ir en búsqueda de su luz, debes consultar tu interior, porque el camino físico para conseguirlo es tan interminable y lleno de límites como la existencia humana, limitada por uno mismo y por otras montañas. –Explicaba el profeta a su aprendiz.
-Solo por el camino empírico puedo descubrir la realidad. –Respondió orgullosamente el discípulo.
-Escupe al cielo y te caerá en los ojos, amado aprendiz. –Dijo el maestro, al apuntar al sol, que seguía tratando de esconderse más allá de la montaña.
En eso, la luz del sol aumentó. Y el joven discípulo perdió la vista de manera repentina, por la intensidad de la luz.
-Ahora, entenderás que la luz vive en ti. –Dijo compasivamente el profeta.
-¡No puedo aceptarlo! –Gritó el joven.
-Descubre lo esencial de la vida. La realidad sigue existiendo. Más allá de los sentidos hay otros sentimientos, esa es la luz de tu eternidad. Pero tu cuerpo es la montaña. ¡Se libre hijo mío, encuentra tu luz!, ¡Deja que tu espíritu amanezca!, ¡Y que el sol que hay dentro de ti ilumine al mundo! –Replicó enérgicamente el anciano maestro, mientras ponía la palma de su mano derecha sobre la espalda del joven, empujándolo al vació.
Se sintió un grito seco. Y cuando sonó su cuerpo al reventar en tierra firme, la noche cubrió de sombras todo el lugar… El sol había pasado a la historia. El viejo se quedó ahí, reflexionando de manera pacífica. Su cuerpo irradiaba paz a todo su entorno.
Cuando al otro día amaneció, el alma del discípulo conjugada con el sol irradió vida a todos los lugares del orbe. Como tantos otros, comprobó, al dar su vida, la eternidad del ser, la trascendencia humana mas allá de lo que se entiende por realidad. El hombre eterno es el que irradia vida, a pesar de que viva eternamente, o deje morir la materialidad.
El viejo bajó de la montaña, contento al saber que una persona en este mundo ha podido entender su palabra, y unirse con el infinito, irradiando vida y esperanza a todos los seres del universo.
-El tiempo y el espacio siguen siendo los espejismos que llamamos realidad. –Dijo el viejo profeta, esperando que este final quede abierto.
tópicos
crítica social,
cuentos,
filosofía,
Humano-ficcion.,
literatura,
relatos,
teorías
El crimen de Estefanía Irigoyen.
(Primer cuento de humano-ficción, que me llevó a crear el género. Escrito después de una pesadilla. Atentamente, Ulises, el autor.)
Estaban pateando una foto de la virgen, salí corriendo llegue a la casa, pc, wikipedia, busqué fotos de personas antiguas, mujeres hermosas, entonces me metí a ver los crímenes:
Estefanía Irigoyen (ponte tú) iba con el pololo el príncipe en el auto (estaban a 1 día de casarse) y la última frase que pronuncia fue: Me encantaría pasar el resto de mi vida contigo
Cuando iba bajando unos hombres con mascarillas verdes, pasamontañas gafas y ametralladoras los secuestran.
Estefanía en la ducha desnuda, llenan la bañera la meten adentro, la cortan con navajas, la escupen se ríen de ella la mojan, la golpean, después le dicen que mire la sorpresa que le tenían guardada
Era el novio el príncipe, colgando de la ventana del departamento, desnudo y con un gancho que usan los carniceros para colgar carne, que lo tenia ensartado en el cuello, traspasando su garganta, lo llevan hacia adentro y lo ponen frente a una Estefanía histérica.
Al ponerla al frente le dicen que esa va a ser la última imagen que vera en su vida. Toman una plancha enchufada y la tiran dentro de la bañera.
Después muchas fotos, donde muestran una secuencia de lo ocurrido en el video, penúltima foto Estefanía carbonizada, y última foto los hombres encapuchados y enmascarados con armas y ordenados al lado del cuerpo del príncipe que estaba colgando y de una Estefanía carbonizada en la bañera. Ejercito Rebelde del Nazismo.
Se han hecho presentes en los sueños del ser humano la calamidad y la decadencia.
Estaban pateando una foto de la virgen, salí corriendo llegue a la casa, pc, wikipedia, busqué fotos de personas antiguas, mujeres hermosas, entonces me metí a ver los crímenes:
Estefanía Irigoyen (ponte tú) iba con el pololo el príncipe en el auto (estaban a 1 día de casarse) y la última frase que pronuncia fue: Me encantaría pasar el resto de mi vida contigo
Cuando iba bajando unos hombres con mascarillas verdes, pasamontañas gafas y ametralladoras los secuestran.
Estefanía en la ducha desnuda, llenan la bañera la meten adentro, la cortan con navajas, la escupen se ríen de ella la mojan, la golpean, después le dicen que mire la sorpresa que le tenían guardada
Era el novio el príncipe, colgando de la ventana del departamento, desnudo y con un gancho que usan los carniceros para colgar carne, que lo tenia ensartado en el cuello, traspasando su garganta, lo llevan hacia adentro y lo ponen frente a una Estefanía histérica.
Al ponerla al frente le dicen que esa va a ser la última imagen que vera en su vida. Toman una plancha enchufada y la tiran dentro de la bañera.
Después muchas fotos, donde muestran una secuencia de lo ocurrido en el video, penúltima foto Estefanía carbonizada, y última foto los hombres encapuchados y enmascarados con armas y ordenados al lado del cuerpo del príncipe que estaba colgando y de una Estefanía carbonizada en la bañera. Ejercito Rebelde del Nazismo.
Se han hecho presentes en los sueños del ser humano la calamidad y la decadencia.
tópicos
cuentos,
Humano-ficcion.,
literatura,
relatos
La Luna

Siempre he escuchado que dentro de la mentalidad humana se crean infinidades de seres fantásticos que se van dando a manifestar de una forma ascendente a medida de que nuestros miedos van creciendo; la mentalidad humana puede ser un arma de doble filo, nos puede inspirar a crear las más majestuosas inspiraciones del arte gracias al poder de la imaginación, y nos puede matar o llevar a la locura por medio de la psicosis, la pena, las depresiones y los estados de tortura que nos puede someter un miedo, el cual nos puede llevar incluso a caer en enfermedades siquiátricas de características preocupantes como la esquizofrenia, o incluso a psicosis colectivas, y todo esto lo podemos tener gracias a la gran imaginación humana y el miedo a lo desconocido. Aun así creo, que si no tuviéramos temor a lo desconocido no nos llamaría la atención nada, y por ende no nos atreveríamos a cruzar la cortina del miedo, y si no cruzamos la cortina del miedo no nos es posible el descubrir cosas nuevas que nos abren las puertas a nuevos mundos; pero heme aquí, otra vez sintiendo miedo de lo desconocido, y sin embargo a pesar de haberme atrevido a cruzar aquella cortina que separa la ficción humana de mi realidad, me temo que sigo sintiendo temor, a pesar de haber pasado ya por dicho umbral. Me he dado cuenta de tantas cosas nuevas, de tantos factores que me mantienen en asombro, que aun así sigo con los mismos miedos que tenia antes, incluso, me recuerdan a los miedos que sentía cuando era un niño, y lo pero de todo es que ahora que me di cuenta de mi condición creo que me tengo miedo a mi, y daría lo que fuera por poder volver atrás.
Ahora, desde esta oscura cabaña en la que estoy escondido he prendido una vela y le he puesto tinta a mi pluma para narrar tal vez la ultima reseña que tenga sobre mi persona la humanidad; no niego que tengo miedo, que tengo mucho miedo, pero aun así me gusta esta incertidumbre, y ahora que estoy seguro de lo que soy, deseo contar mi problema a quien encuentre mi cadáver; dicen que la escritura es el único medio por el cual la esencia mental de una persona puede seguir viviendo a través de los siglos, es como una especie de portal hacia la inmortalidad, ya que a pesar de que creo que mi muerte física es algo seguro, si escribo mi historia es muy probable de que mis pensamientos sigan vigentes a través de los siglos, y por esto tomo mi pluma y os contare mi historia a ti lector...
Corría el año 1927, yo habitaba una vieja casa a las afueras de la ciudad de Valdivia, vivía junto a mi madre y mi abuela, una vieja alemana que poseía un gracioso tomate en la cabeza, y que por cuyas arrugas sus ojos apenas se podían divisar, sin embargo siempre estaba sonriente. Por otro lado a mi madre nunca la veía, la verdad es que hasta antes de morir, a los pocos años después, jamás pude tener una conversación abundante con ella. Por mi parte, yo era una persona solitaria, y por extrañas razones desde pequeño jamás tuve amigos; cuando trataba de entablar conversaciones con alguien, no pasaban ni un par de minutos y me llenaba de impulsos convulsivos y de altas fiebres, lo que me hacia desesperarme y golpear a la persona con la que estaba hablando, si, la golpeaba sin parar, no medía mis impulsos no sabia porque lo hacia, incluso una vez estuve a punto de matar un hombre gigantesco a golpes, teniendo yo la edad de 8 años, sentía impulsos asesinos, y cuando fluía la sangre y brotaba por sus pieles, me deleitaba como si fuera un espectáculo de bufones y saltimbanquis en una plaza principal. Si, lo reconozco, la sangre desde pequeño me causaba un extraño placer, al igual que la violencia física, gozaba con las peleas de gallos cuando fui teniendo mas edad. Y por extrañas razones mi abuela, que era con quien me crié, me escondía siempre en las noches de luna llena porque decía que me podía dar una extraña enfermedad a las meninges.
Hoy ya tengo 32 años, y me informaron de la extraña muerte de mi madre; según me dijeron fue encontrada muerta en un viejo camino de tierra, sin sangre, magullada por garras que parecían de algún animal salvaje, y lo mas extraño, es que estaba tan seca como una pasa, como si le hubieran sacado todos los líquidos del cuerpo. Recuerdo la expresión de mi abuela cuando supo la noticia, lloraba a mares, nunca la había visto así, la verdad es que yo no sentía pena por esa mujer que nunca estuvo conmigo, es mas, le tenia una especie de odio, y si hubiera sido por mi yo mismo la hubiera hecho morir de la peor de las maneras, y me hubiera bañado con su sangre y con sus entrañas hacer un carnaval. Sin embargo, tenia miedo, miedo a lo desconocido, miedo al ente sobrenatural que le había causado eso a mi madre, no había ser conocido que poseyera tamañas garras, ni que fuera capaz de succionar todos los líquidos vitales de las personas, tenia miedo a que el día de mañana esto me pudiera suceder a mi, tenia miedo a la clase de seres que andaban sueltos en la ciudad, sentía temor a que mi destino errante se destrozara en mil partes por algo tan superficial y a la vez divino como puede ser un misterio, sentía temor, creo que por primera vez en mi vida sentí temor, creo que me acabo de dar cuenta lo que significa morir, no quiero pensar que soy cobarde, pero creo que la muerte de mi madre ha hecho que me transforme en la persona que soy ahora.
Paso el tiempo del incidente, y yo volvía a mi casa después de haber salido a buscar la correspondencia, el cartero me parecía un tipo muy extraño, sin embargo desde la muerte de mi madre me empezó a inspirar mucha confianza, por ello no me daban ganas de golpearlo, era un hombre muy misterioso, muy poco carismático, y de pocos amigos, nos parecemos mucho, a mí el tipo me agrada, tiene algo en su mirada que me hace reflexionar. Proseguí a entrar a la casa, y fui a dejarle la correspondencia a mi abuela; subí las escaleras, que crujían por cada paso que daba, por cada escalón que pisaba emitía chirridos y sonidos como si se estuviera quebrando a pedazos por cada paso que daba, como el destino que mientras subes por sus escalones van quebrándose sin que uno pueda volver atrás; sentía preocupación ya que no había escuchado a mi abuela en todo el día, no paraba de pensar en ella y preguntarme porque no la escuchaba por ninguna parte. Fue ahí donde grite hacia arriba estando en la mitad de la vieja escalera si ella estaba ahí; pero nadie me contestaba. Con mucha cautela seguí subiendo escalón tras escalón, conservando el miedo y la incertidumbre que es típica de cada momento en el cual uno tiene la impresión de encontrarse con una sorpresa. Y vaya que es cruel el destino, ¡Siempre tiene nuevas sorpresas para mí!...
Recostada sobre la cama estaba mi abuela, tapada con las sabanas de color marrón de pies a cabeza, pregunte si estaba durmiendo. Ella no me contestó. Sentí temor, me acerque con cautela para que no despertara, súbitamente sentí como mi piel se ponía de gallina, mi cabeza se estremecía y se llenaba de las más burdas ideas de destrucción y de ira, trataba de controlar mis impulsos, pero aun así no podía, no podía... no me podía resistir ante tal tentación, era la única mujer con la cual estuve teniendo alguna relación durante mis 32 años de vida, la única mujer que me importo, y estaba ahí, tirada sobre la cama, cubierta en sabanas. Y fue así como miles de pensamientos morbosos se fueron a mi cabeza, y sin respetar nada, ni siquiera mi parentesco hacia ella, ni el pudor, ni sus 87 años de edad... nada, no respete nada. Y me abalance sobre ella, la destape, y fue ahí donde me lleve una gran sorpresa...
Su débil y delgado cuerpo desnudo, arrugado por los años, estaba tendido inerte sobre la cama, estaba seco y sin vida, creo que ya estaba con el rigor mortis, y fue ahí donde me detuve a pensar. El amor de mi vida, mi abuela, la mujer de mis sueños, estaba muerta. Justo en el momento en el que quería acceder a tener sexo con ella. Sin embargo, su cara de ángel, su cuerpo extremadamente maduro por el paso de los años, su aspecto de dama de sociedad, sus delicadas manos marchitadas por la edad, y muchos detalles no me dejaban de excitar a pesar de que estuviera muerta, descubrí que esto me atraía mas, ya que su tranquilidad me hacia feliz. Y proseguí a cometer la acción más impura de mi vida.
Toda la noche estuve con ella teniendo una fuerte relación de amor, donde solo yo podía compartir mi felicidad y mi comprensión conmigo mismo, me di cuenta que no sentía amor por ella como ente viviente, sino que un amor por su cuerpo marchitado por los años, y mientras pensaba las miles de locuras que pasaban por mi mente, la luna llena era fiel testigo de mi acto de locura, espiándome tras la ventana, siendo muda testigo de los aberrantes actos de amor que cometí esa noche sobre el inerte cuerpo de mi abuela. Y fue ahí donde recordé que ella me escondía siempre de la luna llena. La bese profundamente mientras pensaba esto, y fue ahí donde me acerque a la ventana, a contemplar la luna llena sobre el Calle-Calle, y la hermosura del rió que cruzaba la ciudad como una serpiente plateada que pretendía ser un solo ente con esa gran luna.
Pronto mi cuerpo se estremeció, sentí que alguien me tocaba mi espalda con sus manos frías de terciopelo, se parecían mucho a las de mi abuela, pero eran manos jóvenes, lisas, pulidas, pulcras, puras, intensamente suaves. Me estremecía el hecho de tocar su cara, tan lisa, tan detallada, tan perfecta. Creo que era una joven muy hermosa. Proseguí a abrir los ojos, y para mi sorpresa era un verdadero ángel, poseía una voz hermosa que me hacia delirar, aun no me atrevía a preguntarle quien era. Y fue ahí cuando ella me respondió. Era mi abuela, y el amor que ella sentía hacia mí la había hecho volver a la vida como una mujer joven y bella; a pesar de ese amor, ella volvió solo para indicarme que tenia que huir, que la policía estaba pronta a llegar e iba a descubrir el garrafal acto que yo había cometido sobre ella, o mejor dicho sobre su cuerpo. Y me explico que había visto la luna, y que lo peor aun faltaba por llegar. Entonces me decidí a huir.
Tome un caballo y me eche a cabalgar por los caminos de tierra, los árboles frondosos atrapaban mi sombra haciéndola desaparecer, y muy pronto perdí todo contacto con la luz; sentí que se acercaba otro caballo detrás de mí. Pronto pensé que era la policía, entonces me dispuse a disparar a quemarropa contra aquel jinete desconocido. Y para mi gran sorpresa, un halo de luz cayo sobre el cadáver; era el cartero, quien se disponía a entregarme una carta que se le había olvidado. Sentí horror al ver lo que había hecho, sentía horror de mí, sentía horror de mi existencia, sentía horror de la raza humana por existir, sentía horror por las almas del cielo y por los condenados al infierno. Y sentía horror, el mismo horror, que divise en la cara del cartero cuando me vio, al entregarme la carta, antes de morir. Fue como si hubiera visto a un monstruo. Me extraño su cara, y me lleno de terror, sin embargo, el halo de luz desapareció y proseguí a emprender mi camino para no regresar.
Me detuve en la costanera del rió Calle-Calle a leer la carta. Era de mi abuela. Me lleno de terror el pensar que mi abuela escribió una carta para mí antes de morir, antes de que violara su cadáver, antes de que le hiciera el amor a su cuerpo abajo de las sabanas color marrón. Pero lo que más me sorprendió, es que en aquella carta, decía todo lo que yo iba a hacerle a ella, y que ella también me confesaba su amor. Y es ahí, cuando iba a leer el gran secreto de la luna llena, cuando me empecé a volver loco, empecé a aullar como un perro, no era un perro, un lobo... para sorpresa de mi corazón, descubrí en ese momento que yo había matado a mi madre, yo era aquella criatura a la cual tanto temía, y que en mi subconsciente había matado a mi madre movido por el odio, y violado a mi abuela movido por el amor, aquel monstruo era yo, nadie mas que yo, solamente yo, no alcance a razonar mas cuando mi cuerpo era ya totalmente peludo, y no podía controlar mis actos.
Pronto entre a las casas de la ciudad, las devaste, le succione la sangre a los niños pequeños y jugaba con sus cuerpos a cometer actos sexuales mientras observaba las caras de los padres quienes lloraban de dolor, lo que a mí me causaba mucho placer, gozaba con ese sufrimiento, pronto les daba muerte para que no sufrieran más. Creo que gozaba con el dolor ajeno, pronto fui testigo de la devastación a mí alrededor, los muertos, las casas destruidas, el pavor de las personas esa noche, quienes corrían de un lugar a otro sin parar, me trataba de detener, y yo usando mis garras desgarraba las desgraciadas cabezas de quienes se me acercaban a detenerme. Vaya lo que es la vida, al fin y al cabo el asesino de mi madre fui yo, todo este tiempo fui yo, y ahora me doy cuenta cuando tengo a toda esta ciudad de muerte. Compadezco a estas personas por un lado, pero por otro me causa placer lo que les hago, he aquí mi soledad, mi sufrimiento, mi vida; con mi vida sin emociones otorgo muertes emocionadas y con sentimientos a todas estas personas, ¿Es que acaso no pueden ser más felices que hoy?, Irán a un mundo mejor, de eso estoy seguro; Y quien sufrirá, quien siempre estará solo, seré yo, ¡yo!, Maldito el mundo y mi madre que me hicieron tan desgraciado, ¡maldito seas mundo!, ¡Maldita seas madre!, ¡Heme aquí; esta es la felicidad que con tu soledad me negaste!
No sé si estoy cuerdo, sin embargo me entretiene hacer esto, gozo con el matar, con el sufrir, con el vivir para matar, me gusta ser un monstruo; creo que nadie me va a poder detener ¡Nadie! Soy el rey del mundo. ¡Sí! Lo soy, ya estoy convencido sobre este hecho, soy tan perfecto que no soy un humano, ¿pueden creerlo?. Mientras sigo matando a mis pares humanos reflexiono miles de cosas; pero nunca espere lo peor...
Se acerco una vieja carroza, de la cual bajaron cerca de 20 policías, quienes fueron a detenerme; pronto me escabullí por la costanera y me eche a arrancar. Y ahí iba la vieja carroza, detrás de mí, los disparos me pasaban rozando, pero yo siempre me pude salvar de todos ellos, sabia como escabullirme entre las viejas copas de los árboles, me desarrollaba con gran agilidad. Pero nunca espere que me llegaran a disparar. Pronto sentí como una bala se incrusto con gran facilidad en mi pierna izquierda. Sentí su ardor, intenso, hirviente. Mis huesos se estremecieron, mi sangre fluía sin parar, salió disparada como un chorro de agua, como una cascada o como una llave de agua. Sentí como la bala se albergo en mis huesos, su fuerza, su intensidad dentro de mi pierna; y así caí desplomado sobre el río, por donde me fui flotando. Perdí el conocimiento, olvide quien era, se me nubló mi conciencia y pronto vi como se nublaba todo junto a ella. Y así fue, como al amanecer llegue a una isla solitaria; ya hecho hombre normal otra vez. En la ribera amanecí, tirado, en un charco de sangre. De inmediato me pare, limpie mi cuerpo y busque refugio, me di cuenta que no había nada, y que a mí alrededor tampoco había nada mas que árboles frondosos, y él rió. Aunque su agua era tan salada como el mar, he perdido completamente la orientación y la noción del espacio.
Me eche a caminar por la isla, y entre la frondosidad del bosque distinguí una vieja cabaña, y fue allí donde busque refugio. Llame a la puerta, nadie me contesto. Me di cuenta que nadie vivía en esta isla hace mucho tiempo. Así que proseguí a entrar. Derribe la vieja puerta con un tronco, y sujetándome del marco de la puerta proseguí a subir unas viejas escaleras. Me dolía mucho mi pierna no paraba de sangrar, por lo que corte un pedazo de tela de una vieja cortina y me la amarre en la herida, para así estancar la sangre. Pero me sentía muy cansado para poder seguir, así que me aproxime a subir las escaleras, y cuando llegue al final de los viejos escalones, que se quebraban a medida que su rechinar sé hacia más intenso con mis discapacitados pasos, me aproxime a una gran sala, provista de un viejo escritorio, una vela, papel, lápiz, y un caldero encendido, cosa que me pareció extraña, era como si me estuvieran esperando.
Sentía que mi muerte se aproximaba muy pronto, y creo que estaba en el lugar perfecto para morir. Ya no puedo mover mi pierna, y aquí me encuentro, escribiendo mi aventura, para dejar la evidencia al mundo de que los hombres-lobo realmente existimos, y no somos una invención ni una leyenda urbana. Yo soy un hombre lobo, yo fui un hombre lobo, yo asesine personas por placer, lo sé, lo sé tan bien como el gozo de violar a mi abuela muerta y el asesinar a mi madre. Sé el placer que me causa la muerte, como también sé el placer que me causa la incertidumbre de saber lo que vendrá después de mi hora final. ¿Encontrare tales placeres de sangre y de lujuria en el otro mundo?. No lo sé, ahora que lo pienso, bajo mi nueva condición sobrehumana, soy un hombre más feliz, no necesito amigos, porque puedo auto alimentarme de felicidad, no hay nadie que me entienda mas que yo, en mi esta el hecho de que el destino fatídico de los seres humanos sea mas que ser polvo en el viento, puedo hacer que sus muertes no sean para simplemente dejar de existir, sino que, puedo hacer... puedo hacer que con sus muertes me den mas vida, mas vida de la que necesito, mas vida de la que soy, me llenan de vida, me emocionan, me hacen sentir aceptado, si ¡Aceptado al fin!.
Ya esta cayendo la noche, creo que no aguanto mas, mi pierna ya no se mueve, y estoy cayendo en un profundo estado de sueño; creo que es hora de despedirme, me hubiera gustado poder seguir con esta hermosa locura, quisiera seguir siendo feliz y aportando a mi vida con la gracia y la obra de matar, el primer arte, el ‘’cainismo’’, amo la muerte, amo la sangre tanto como amo existir. Que importa estar solo, si con lo que tengo puedo ser feliz. Llego la hora de dormir.
Y pronto mi abuela se aproximó a mí. Me tomo la cabeza, cuando estaba tirado sobre ella, y me di cuenta de que era una mujer hermosa, de que a pesar de que su cuerpo estaba rugoso y demacrado, me encantaba tocarla. Y sentí que a ella también le encantaba tocarme. No mires la luna hijo mío, me decía, no mires la luna que tu cerebro explotara. Y la quise mirar. Y me di cuenta de que mi abuela se acercaba a mi cuerpo sobre el papel y el viejo escritorio. Lamía mi pierna cubierta de sangre, mientras yo la espiaba abriendo un ojo. No alcance a responder cuando ella se abalanzó sobre mí convirtiéndose en un lobo. Mientras me repetía con furia, ¡Te dije que no miraras la luna amor mío!, Ha llegado la hora mientras tu cerebro explote yo viviré por mil años. Pronto no alcance ni a pensar cuando sentí sus grandes garras cercenándome el cráneo, el que lo vi saltar y fundirse en el caldero, y observaba como mi cabeza se fundía en aquel nido de fuego; fue cuando comprendí que mi vida se acababa sin explicación aparente... Y sentí placer.
Ahora, desde esta oscura cabaña en la que estoy escondido he prendido una vela y le he puesto tinta a mi pluma para narrar tal vez la ultima reseña que tenga sobre mi persona la humanidad; no niego que tengo miedo, que tengo mucho miedo, pero aun así me gusta esta incertidumbre, y ahora que estoy seguro de lo que soy, deseo contar mi problema a quien encuentre mi cadáver; dicen que la escritura es el único medio por el cual la esencia mental de una persona puede seguir viviendo a través de los siglos, es como una especie de portal hacia la inmortalidad, ya que a pesar de que creo que mi muerte física es algo seguro, si escribo mi historia es muy probable de que mis pensamientos sigan vigentes a través de los siglos, y por esto tomo mi pluma y os contare mi historia a ti lector...
Corría el año 1927, yo habitaba una vieja casa a las afueras de la ciudad de Valdivia, vivía junto a mi madre y mi abuela, una vieja alemana que poseía un gracioso tomate en la cabeza, y que por cuyas arrugas sus ojos apenas se podían divisar, sin embargo siempre estaba sonriente. Por otro lado a mi madre nunca la veía, la verdad es que hasta antes de morir, a los pocos años después, jamás pude tener una conversación abundante con ella. Por mi parte, yo era una persona solitaria, y por extrañas razones desde pequeño jamás tuve amigos; cuando trataba de entablar conversaciones con alguien, no pasaban ni un par de minutos y me llenaba de impulsos convulsivos y de altas fiebres, lo que me hacia desesperarme y golpear a la persona con la que estaba hablando, si, la golpeaba sin parar, no medía mis impulsos no sabia porque lo hacia, incluso una vez estuve a punto de matar un hombre gigantesco a golpes, teniendo yo la edad de 8 años, sentía impulsos asesinos, y cuando fluía la sangre y brotaba por sus pieles, me deleitaba como si fuera un espectáculo de bufones y saltimbanquis en una plaza principal. Si, lo reconozco, la sangre desde pequeño me causaba un extraño placer, al igual que la violencia física, gozaba con las peleas de gallos cuando fui teniendo mas edad. Y por extrañas razones mi abuela, que era con quien me crié, me escondía siempre en las noches de luna llena porque decía que me podía dar una extraña enfermedad a las meninges.
Hoy ya tengo 32 años, y me informaron de la extraña muerte de mi madre; según me dijeron fue encontrada muerta en un viejo camino de tierra, sin sangre, magullada por garras que parecían de algún animal salvaje, y lo mas extraño, es que estaba tan seca como una pasa, como si le hubieran sacado todos los líquidos del cuerpo. Recuerdo la expresión de mi abuela cuando supo la noticia, lloraba a mares, nunca la había visto así, la verdad es que yo no sentía pena por esa mujer que nunca estuvo conmigo, es mas, le tenia una especie de odio, y si hubiera sido por mi yo mismo la hubiera hecho morir de la peor de las maneras, y me hubiera bañado con su sangre y con sus entrañas hacer un carnaval. Sin embargo, tenia miedo, miedo a lo desconocido, miedo al ente sobrenatural que le había causado eso a mi madre, no había ser conocido que poseyera tamañas garras, ni que fuera capaz de succionar todos los líquidos vitales de las personas, tenia miedo a que el día de mañana esto me pudiera suceder a mi, tenia miedo a la clase de seres que andaban sueltos en la ciudad, sentía temor a que mi destino errante se destrozara en mil partes por algo tan superficial y a la vez divino como puede ser un misterio, sentía temor, creo que por primera vez en mi vida sentí temor, creo que me acabo de dar cuenta lo que significa morir, no quiero pensar que soy cobarde, pero creo que la muerte de mi madre ha hecho que me transforme en la persona que soy ahora.
Paso el tiempo del incidente, y yo volvía a mi casa después de haber salido a buscar la correspondencia, el cartero me parecía un tipo muy extraño, sin embargo desde la muerte de mi madre me empezó a inspirar mucha confianza, por ello no me daban ganas de golpearlo, era un hombre muy misterioso, muy poco carismático, y de pocos amigos, nos parecemos mucho, a mí el tipo me agrada, tiene algo en su mirada que me hace reflexionar. Proseguí a entrar a la casa, y fui a dejarle la correspondencia a mi abuela; subí las escaleras, que crujían por cada paso que daba, por cada escalón que pisaba emitía chirridos y sonidos como si se estuviera quebrando a pedazos por cada paso que daba, como el destino que mientras subes por sus escalones van quebrándose sin que uno pueda volver atrás; sentía preocupación ya que no había escuchado a mi abuela en todo el día, no paraba de pensar en ella y preguntarme porque no la escuchaba por ninguna parte. Fue ahí donde grite hacia arriba estando en la mitad de la vieja escalera si ella estaba ahí; pero nadie me contestaba. Con mucha cautela seguí subiendo escalón tras escalón, conservando el miedo y la incertidumbre que es típica de cada momento en el cual uno tiene la impresión de encontrarse con una sorpresa. Y vaya que es cruel el destino, ¡Siempre tiene nuevas sorpresas para mí!...
Recostada sobre la cama estaba mi abuela, tapada con las sabanas de color marrón de pies a cabeza, pregunte si estaba durmiendo. Ella no me contestó. Sentí temor, me acerque con cautela para que no despertara, súbitamente sentí como mi piel se ponía de gallina, mi cabeza se estremecía y se llenaba de las más burdas ideas de destrucción y de ira, trataba de controlar mis impulsos, pero aun así no podía, no podía... no me podía resistir ante tal tentación, era la única mujer con la cual estuve teniendo alguna relación durante mis 32 años de vida, la única mujer que me importo, y estaba ahí, tirada sobre la cama, cubierta en sabanas. Y fue así como miles de pensamientos morbosos se fueron a mi cabeza, y sin respetar nada, ni siquiera mi parentesco hacia ella, ni el pudor, ni sus 87 años de edad... nada, no respete nada. Y me abalance sobre ella, la destape, y fue ahí donde me lleve una gran sorpresa...
Su débil y delgado cuerpo desnudo, arrugado por los años, estaba tendido inerte sobre la cama, estaba seco y sin vida, creo que ya estaba con el rigor mortis, y fue ahí donde me detuve a pensar. El amor de mi vida, mi abuela, la mujer de mis sueños, estaba muerta. Justo en el momento en el que quería acceder a tener sexo con ella. Sin embargo, su cara de ángel, su cuerpo extremadamente maduro por el paso de los años, su aspecto de dama de sociedad, sus delicadas manos marchitadas por la edad, y muchos detalles no me dejaban de excitar a pesar de que estuviera muerta, descubrí que esto me atraía mas, ya que su tranquilidad me hacia feliz. Y proseguí a cometer la acción más impura de mi vida.
Toda la noche estuve con ella teniendo una fuerte relación de amor, donde solo yo podía compartir mi felicidad y mi comprensión conmigo mismo, me di cuenta que no sentía amor por ella como ente viviente, sino que un amor por su cuerpo marchitado por los años, y mientras pensaba las miles de locuras que pasaban por mi mente, la luna llena era fiel testigo de mi acto de locura, espiándome tras la ventana, siendo muda testigo de los aberrantes actos de amor que cometí esa noche sobre el inerte cuerpo de mi abuela. Y fue ahí donde recordé que ella me escondía siempre de la luna llena. La bese profundamente mientras pensaba esto, y fue ahí donde me acerque a la ventana, a contemplar la luna llena sobre el Calle-Calle, y la hermosura del rió que cruzaba la ciudad como una serpiente plateada que pretendía ser un solo ente con esa gran luna.
Pronto mi cuerpo se estremeció, sentí que alguien me tocaba mi espalda con sus manos frías de terciopelo, se parecían mucho a las de mi abuela, pero eran manos jóvenes, lisas, pulidas, pulcras, puras, intensamente suaves. Me estremecía el hecho de tocar su cara, tan lisa, tan detallada, tan perfecta. Creo que era una joven muy hermosa. Proseguí a abrir los ojos, y para mi sorpresa era un verdadero ángel, poseía una voz hermosa que me hacia delirar, aun no me atrevía a preguntarle quien era. Y fue ahí cuando ella me respondió. Era mi abuela, y el amor que ella sentía hacia mí la había hecho volver a la vida como una mujer joven y bella; a pesar de ese amor, ella volvió solo para indicarme que tenia que huir, que la policía estaba pronta a llegar e iba a descubrir el garrafal acto que yo había cometido sobre ella, o mejor dicho sobre su cuerpo. Y me explico que había visto la luna, y que lo peor aun faltaba por llegar. Entonces me decidí a huir.
Tome un caballo y me eche a cabalgar por los caminos de tierra, los árboles frondosos atrapaban mi sombra haciéndola desaparecer, y muy pronto perdí todo contacto con la luz; sentí que se acercaba otro caballo detrás de mí. Pronto pensé que era la policía, entonces me dispuse a disparar a quemarropa contra aquel jinete desconocido. Y para mi gran sorpresa, un halo de luz cayo sobre el cadáver; era el cartero, quien se disponía a entregarme una carta que se le había olvidado. Sentí horror al ver lo que había hecho, sentía horror de mí, sentía horror de mi existencia, sentía horror de la raza humana por existir, sentía horror por las almas del cielo y por los condenados al infierno. Y sentía horror, el mismo horror, que divise en la cara del cartero cuando me vio, al entregarme la carta, antes de morir. Fue como si hubiera visto a un monstruo. Me extraño su cara, y me lleno de terror, sin embargo, el halo de luz desapareció y proseguí a emprender mi camino para no regresar.
Me detuve en la costanera del rió Calle-Calle a leer la carta. Era de mi abuela. Me lleno de terror el pensar que mi abuela escribió una carta para mí antes de morir, antes de que violara su cadáver, antes de que le hiciera el amor a su cuerpo abajo de las sabanas color marrón. Pero lo que más me sorprendió, es que en aquella carta, decía todo lo que yo iba a hacerle a ella, y que ella también me confesaba su amor. Y es ahí, cuando iba a leer el gran secreto de la luna llena, cuando me empecé a volver loco, empecé a aullar como un perro, no era un perro, un lobo... para sorpresa de mi corazón, descubrí en ese momento que yo había matado a mi madre, yo era aquella criatura a la cual tanto temía, y que en mi subconsciente había matado a mi madre movido por el odio, y violado a mi abuela movido por el amor, aquel monstruo era yo, nadie mas que yo, solamente yo, no alcance a razonar mas cuando mi cuerpo era ya totalmente peludo, y no podía controlar mis actos.
Pronto entre a las casas de la ciudad, las devaste, le succione la sangre a los niños pequeños y jugaba con sus cuerpos a cometer actos sexuales mientras observaba las caras de los padres quienes lloraban de dolor, lo que a mí me causaba mucho placer, gozaba con ese sufrimiento, pronto les daba muerte para que no sufrieran más. Creo que gozaba con el dolor ajeno, pronto fui testigo de la devastación a mí alrededor, los muertos, las casas destruidas, el pavor de las personas esa noche, quienes corrían de un lugar a otro sin parar, me trataba de detener, y yo usando mis garras desgarraba las desgraciadas cabezas de quienes se me acercaban a detenerme. Vaya lo que es la vida, al fin y al cabo el asesino de mi madre fui yo, todo este tiempo fui yo, y ahora me doy cuenta cuando tengo a toda esta ciudad de muerte. Compadezco a estas personas por un lado, pero por otro me causa placer lo que les hago, he aquí mi soledad, mi sufrimiento, mi vida; con mi vida sin emociones otorgo muertes emocionadas y con sentimientos a todas estas personas, ¿Es que acaso no pueden ser más felices que hoy?, Irán a un mundo mejor, de eso estoy seguro; Y quien sufrirá, quien siempre estará solo, seré yo, ¡yo!, Maldito el mundo y mi madre que me hicieron tan desgraciado, ¡maldito seas mundo!, ¡Maldita seas madre!, ¡Heme aquí; esta es la felicidad que con tu soledad me negaste!
No sé si estoy cuerdo, sin embargo me entretiene hacer esto, gozo con el matar, con el sufrir, con el vivir para matar, me gusta ser un monstruo; creo que nadie me va a poder detener ¡Nadie! Soy el rey del mundo. ¡Sí! Lo soy, ya estoy convencido sobre este hecho, soy tan perfecto que no soy un humano, ¿pueden creerlo?. Mientras sigo matando a mis pares humanos reflexiono miles de cosas; pero nunca espere lo peor...
Se acerco una vieja carroza, de la cual bajaron cerca de 20 policías, quienes fueron a detenerme; pronto me escabullí por la costanera y me eche a arrancar. Y ahí iba la vieja carroza, detrás de mí, los disparos me pasaban rozando, pero yo siempre me pude salvar de todos ellos, sabia como escabullirme entre las viejas copas de los árboles, me desarrollaba con gran agilidad. Pero nunca espere que me llegaran a disparar. Pronto sentí como una bala se incrusto con gran facilidad en mi pierna izquierda. Sentí su ardor, intenso, hirviente. Mis huesos se estremecieron, mi sangre fluía sin parar, salió disparada como un chorro de agua, como una cascada o como una llave de agua. Sentí como la bala se albergo en mis huesos, su fuerza, su intensidad dentro de mi pierna; y así caí desplomado sobre el río, por donde me fui flotando. Perdí el conocimiento, olvide quien era, se me nubló mi conciencia y pronto vi como se nublaba todo junto a ella. Y así fue, como al amanecer llegue a una isla solitaria; ya hecho hombre normal otra vez. En la ribera amanecí, tirado, en un charco de sangre. De inmediato me pare, limpie mi cuerpo y busque refugio, me di cuenta que no había nada, y que a mí alrededor tampoco había nada mas que árboles frondosos, y él rió. Aunque su agua era tan salada como el mar, he perdido completamente la orientación y la noción del espacio.
Me eche a caminar por la isla, y entre la frondosidad del bosque distinguí una vieja cabaña, y fue allí donde busque refugio. Llame a la puerta, nadie me contesto. Me di cuenta que nadie vivía en esta isla hace mucho tiempo. Así que proseguí a entrar. Derribe la vieja puerta con un tronco, y sujetándome del marco de la puerta proseguí a subir unas viejas escaleras. Me dolía mucho mi pierna no paraba de sangrar, por lo que corte un pedazo de tela de una vieja cortina y me la amarre en la herida, para así estancar la sangre. Pero me sentía muy cansado para poder seguir, así que me aproxime a subir las escaleras, y cuando llegue al final de los viejos escalones, que se quebraban a medida que su rechinar sé hacia más intenso con mis discapacitados pasos, me aproxime a una gran sala, provista de un viejo escritorio, una vela, papel, lápiz, y un caldero encendido, cosa que me pareció extraña, era como si me estuvieran esperando.
Sentía que mi muerte se aproximaba muy pronto, y creo que estaba en el lugar perfecto para morir. Ya no puedo mover mi pierna, y aquí me encuentro, escribiendo mi aventura, para dejar la evidencia al mundo de que los hombres-lobo realmente existimos, y no somos una invención ni una leyenda urbana. Yo soy un hombre lobo, yo fui un hombre lobo, yo asesine personas por placer, lo sé, lo sé tan bien como el gozo de violar a mi abuela muerta y el asesinar a mi madre. Sé el placer que me causa la muerte, como también sé el placer que me causa la incertidumbre de saber lo que vendrá después de mi hora final. ¿Encontrare tales placeres de sangre y de lujuria en el otro mundo?. No lo sé, ahora que lo pienso, bajo mi nueva condición sobrehumana, soy un hombre más feliz, no necesito amigos, porque puedo auto alimentarme de felicidad, no hay nadie que me entienda mas que yo, en mi esta el hecho de que el destino fatídico de los seres humanos sea mas que ser polvo en el viento, puedo hacer que sus muertes no sean para simplemente dejar de existir, sino que, puedo hacer... puedo hacer que con sus muertes me den mas vida, mas vida de la que necesito, mas vida de la que soy, me llenan de vida, me emocionan, me hacen sentir aceptado, si ¡Aceptado al fin!.
Ya esta cayendo la noche, creo que no aguanto mas, mi pierna ya no se mueve, y estoy cayendo en un profundo estado de sueño; creo que es hora de despedirme, me hubiera gustado poder seguir con esta hermosa locura, quisiera seguir siendo feliz y aportando a mi vida con la gracia y la obra de matar, el primer arte, el ‘’cainismo’’, amo la muerte, amo la sangre tanto como amo existir. Que importa estar solo, si con lo que tengo puedo ser feliz. Llego la hora de dormir.
Y pronto mi abuela se aproximó a mí. Me tomo la cabeza, cuando estaba tirado sobre ella, y me di cuenta de que era una mujer hermosa, de que a pesar de que su cuerpo estaba rugoso y demacrado, me encantaba tocarla. Y sentí que a ella también le encantaba tocarme. No mires la luna hijo mío, me decía, no mires la luna que tu cerebro explotara. Y la quise mirar. Y me di cuenta de que mi abuela se acercaba a mi cuerpo sobre el papel y el viejo escritorio. Lamía mi pierna cubierta de sangre, mientras yo la espiaba abriendo un ojo. No alcance a responder cuando ella se abalanzó sobre mí convirtiéndose en un lobo. Mientras me repetía con furia, ¡Te dije que no miraras la luna amor mío!, Ha llegado la hora mientras tu cerebro explote yo viviré por mil años. Pronto no alcance ni a pensar cuando sentí sus grandes garras cercenándome el cráneo, el que lo vi saltar y fundirse en el caldero, y observaba como mi cabeza se fundía en aquel nido de fuego; fue cuando comprendí que mi vida se acababa sin explicación aparente... Y sentí placer.
Óleo Desértico.

Y ese día me propuse echarle otra pincelada a la tela. Para prenderla con pintura y entregarle vida, tal vez, entregarle mi vida perdida después de tantas noches de batalla en la vieja ciudad destruida del noroeste. Y es que me involucre en una guerra que sabía que estaba perdida, ya que la luna llena de las noches de Bagdad me lo indicó así. La áspera arena se pegaba en la pintura, y la tela se empezaba a demacrar. Pero no tan demacrada si comparamos el pedazo de trapo con mi espíritu. Si, mi espíritu, el si que estaba demacrado, destruido. Y es que tantas vidas inocentes he teñido de rojo a costa de una guerra que esta perdida. He matado mujeres, niños, ancianos, civiles inocentes. Y del objetivo que hemos venido muchos a buscar, nada. Yo vine aquí por necesidad, por acción, porque soy un aventurero de la vida fácil, un cazador de caras y sellos, mi vida gira en torno a la apuesta diaria que consiste en las dos caras de la divisa de la existencia. O la vida o la muerte.
Así sigo pintando este cuadro, mientras sigo pensando en el poblado de personas inocentes que arrase hoy día en conjunto con mi amigo Antonio Cabrales. Y es que Antonio estaba feliz, el ama la sangre. Y el me motivo a venir aquí, y yo, como buen artista, quise motivar mi inspiración viviendo la acción de la guerra, el vicio de matar, sentir el sentimiento que produce en nosotros el asesinar, el aniquilar a sangre fría al prójimo, el descargar tu ira contra los inocentes. Y es que de eso me siento profundamente arrepentido.
Como te iba diciendo, entramos a un pequeño poblado al norte de Irak, como a 57 kilómetros de Bagdad. Me conmovía con el rostro de la gente que habitaba el desierto, pequeños niños jugando con tierra, señoras lavando ropa en un pequeño canasto hecho de un material que parecía piel de camello. Y yo me sorprendía cada vez mas al ver las caras de esperanza en el rostro de los habitantes del lugar. Y me sentía muy bien, me sentía como el salvador, un grano de esperanza en sus vidas destruidas por el régimen de Hussein. Pero pronto la esperanza se convirtió en locura. A los minutos, mi teniente dio la orden para disparar gases químicos jamás usados contra los civiles, para experimentar una nueva arma química. Y así fue, nos dispusimos a disparar contra las personas, y poco a poco la gente fue cayendo al suelo. Se desplazaban como ratas, corriendo desesperadamente de un lugar a otro, se revolcaban como serpientes, gritaban, corrían, y sus morenos cuerpos sucumbían y se derretían con el extraño líquido corrosivo. Una imagen, atroz.
Y así fue como de pronto llegaron unos químicos franceses en un helicóptero, y empezaron a recoger los restos que quedaron. Yo no me había dado cuenta, pero cuando dejé de ver la cortina de humo que causaron las explosiones y que no me permitían distinguir bien tamaño desastre, vi que no habían cuerpos humanos, sino que líquidos de colores. Unos extraños líquidos, que parecían aceite, de muchos colores. Me explicaba un químico que el arma consistía en que al ser lanzada contra las personas, esas bombas causaban una transformación atómica en el cuerpo de sus victimas, las cuales de tener una forma sólida, pasaban a convertirse en aceite, y para ser mas específico, en óleo, es decir, en pintura. Yo me pregunté, ¿De que dependía el color de la pintura? Y me respondieron que dependía de las personalidades, del sexo, la edad, y otros factores humanos. Por ejemplo si la persona era buena, joven, mujer y tímida, de seguro por su timidez y sus características se trataría de una tonalidad pastel y clara; pero si hablábamos de un hombre, vil, despiadado, mayor de edad y atrevido, de seguro se trataría de un color oscuro, mas cercano al tono de los grises. Eso es porque trabajamos mucho también con el ph de las personas, y además que atribuimos a través del ph ciertas características de los humanos, para lograr colores.
Yo me quede pensando, en que harían después con esos colores que ellos recolectaban. Y ahí cuando vi que habían recogido todos los colores en una paletita, esos oleos que alguna vez tuvieron vida y personalidad, y que estaban combinados con la arena del desierto, me atreví a preguntar… ¿Qué es lo que harán con los óleos?
Bueno, fácil, me respondió el científico que esos oleos tenían unas facultades muy atractivas al ojo humano, que causaban una cierta impresión, era como si tuvieran personalidad por si mismas, que los colores tenían vida, y eso hacia que las pinturas fueran mas atractivas. Y como sabemos que el arte en el mundo esta muriendo, es bueno que se fomente el arte de esta manera, ya que va a causar una mayor impresión en los seres humanos, y todos empezaran a comprar más y más cuadros, fomentando así el arte que esta tan alicaído por estos días. Y lo más importante es que nadie sabrá que está pintando con cadáveres. Mi amigo, ese fue el objetivo por el cual estamos en esta misión, no por petróleo, ni por interés geopolítico, ni ninguna de esas boberías, sino para fomentar el arte, y “humanizarlo” mas.
No te niego que en ese momento me pareció una idea espantosa, pero mi amigo, Alfonso Cabrales, le pidió al científico que le regalara unos oleos para poder pintar. Las que se las concedió con mucho placer. El científico dijo que iba a vender las pinturas por todo el mundo, y así se despidió de nosotros y partió al avión junto a los demás científicos. Sin antes dejarnos recipientes, y algunas bombas, las cuales nos dijo que las usáramos con placer y que por haber entendido el verdadero concepto del arte contemporáneo nos las regalaba.
De esta manera fue como con Alfonso nos vimos metidos en esta encrucijada de necrofilia y malas acciones, por las cuales recorrimos casi todo el noroeste de Irak azotando poblados en una camioneta, y, por supuesto, recolectando oleos.
Todas las noches, desde aquel día, en que por primera vez pinté con los residuos oleosos de mis víctimas sentí la desesperación de seguir y seguir haciéndolo, y seguir y seguir matando. No por mi nación, ni por mi cultura, ni mucho menos por mi presidente, sino por el sabroso placer de ver mis telas terminadas y sentir los sentimientos de cada una de las personas que descansan en mis telas. Y, por supuesto, el placer de enviar esas telas a otros lugares del orbe, donde son expuestas, y millones de personas se conmueven con “el sufrimiento de la gente en Irak”, o “ver los sentimientos del pintor-soldado impregnados en la tela” y todas esas burdas fantasías. Y es que el arte tiene vida, pero a costa de cuantas muertes…y de cuantas pinceladas rojas mas.
Así sigo pintando este cuadro, mientras sigo pensando en el poblado de personas inocentes que arrase hoy día en conjunto con mi amigo Antonio Cabrales. Y es que Antonio estaba feliz, el ama la sangre. Y el me motivo a venir aquí, y yo, como buen artista, quise motivar mi inspiración viviendo la acción de la guerra, el vicio de matar, sentir el sentimiento que produce en nosotros el asesinar, el aniquilar a sangre fría al prójimo, el descargar tu ira contra los inocentes. Y es que de eso me siento profundamente arrepentido.
Como te iba diciendo, entramos a un pequeño poblado al norte de Irak, como a 57 kilómetros de Bagdad. Me conmovía con el rostro de la gente que habitaba el desierto, pequeños niños jugando con tierra, señoras lavando ropa en un pequeño canasto hecho de un material que parecía piel de camello. Y yo me sorprendía cada vez mas al ver las caras de esperanza en el rostro de los habitantes del lugar. Y me sentía muy bien, me sentía como el salvador, un grano de esperanza en sus vidas destruidas por el régimen de Hussein. Pero pronto la esperanza se convirtió en locura. A los minutos, mi teniente dio la orden para disparar gases químicos jamás usados contra los civiles, para experimentar una nueva arma química. Y así fue, nos dispusimos a disparar contra las personas, y poco a poco la gente fue cayendo al suelo. Se desplazaban como ratas, corriendo desesperadamente de un lugar a otro, se revolcaban como serpientes, gritaban, corrían, y sus morenos cuerpos sucumbían y se derretían con el extraño líquido corrosivo. Una imagen, atroz.
Y así fue como de pronto llegaron unos químicos franceses en un helicóptero, y empezaron a recoger los restos que quedaron. Yo no me había dado cuenta, pero cuando dejé de ver la cortina de humo que causaron las explosiones y que no me permitían distinguir bien tamaño desastre, vi que no habían cuerpos humanos, sino que líquidos de colores. Unos extraños líquidos, que parecían aceite, de muchos colores. Me explicaba un químico que el arma consistía en que al ser lanzada contra las personas, esas bombas causaban una transformación atómica en el cuerpo de sus victimas, las cuales de tener una forma sólida, pasaban a convertirse en aceite, y para ser mas específico, en óleo, es decir, en pintura. Yo me pregunté, ¿De que dependía el color de la pintura? Y me respondieron que dependía de las personalidades, del sexo, la edad, y otros factores humanos. Por ejemplo si la persona era buena, joven, mujer y tímida, de seguro por su timidez y sus características se trataría de una tonalidad pastel y clara; pero si hablábamos de un hombre, vil, despiadado, mayor de edad y atrevido, de seguro se trataría de un color oscuro, mas cercano al tono de los grises. Eso es porque trabajamos mucho también con el ph de las personas, y además que atribuimos a través del ph ciertas características de los humanos, para lograr colores.
Yo me quede pensando, en que harían después con esos colores que ellos recolectaban. Y ahí cuando vi que habían recogido todos los colores en una paletita, esos oleos que alguna vez tuvieron vida y personalidad, y que estaban combinados con la arena del desierto, me atreví a preguntar… ¿Qué es lo que harán con los óleos?
Bueno, fácil, me respondió el científico que esos oleos tenían unas facultades muy atractivas al ojo humano, que causaban una cierta impresión, era como si tuvieran personalidad por si mismas, que los colores tenían vida, y eso hacia que las pinturas fueran mas atractivas. Y como sabemos que el arte en el mundo esta muriendo, es bueno que se fomente el arte de esta manera, ya que va a causar una mayor impresión en los seres humanos, y todos empezaran a comprar más y más cuadros, fomentando así el arte que esta tan alicaído por estos días. Y lo más importante es que nadie sabrá que está pintando con cadáveres. Mi amigo, ese fue el objetivo por el cual estamos en esta misión, no por petróleo, ni por interés geopolítico, ni ninguna de esas boberías, sino para fomentar el arte, y “humanizarlo” mas.
No te niego que en ese momento me pareció una idea espantosa, pero mi amigo, Alfonso Cabrales, le pidió al científico que le regalara unos oleos para poder pintar. Las que se las concedió con mucho placer. El científico dijo que iba a vender las pinturas por todo el mundo, y así se despidió de nosotros y partió al avión junto a los demás científicos. Sin antes dejarnos recipientes, y algunas bombas, las cuales nos dijo que las usáramos con placer y que por haber entendido el verdadero concepto del arte contemporáneo nos las regalaba.
De esta manera fue como con Alfonso nos vimos metidos en esta encrucijada de necrofilia y malas acciones, por las cuales recorrimos casi todo el noroeste de Irak azotando poblados en una camioneta, y, por supuesto, recolectando oleos.
Todas las noches, desde aquel día, en que por primera vez pinté con los residuos oleosos de mis víctimas sentí la desesperación de seguir y seguir haciéndolo, y seguir y seguir matando. No por mi nación, ni por mi cultura, ni mucho menos por mi presidente, sino por el sabroso placer de ver mis telas terminadas y sentir los sentimientos de cada una de las personas que descansan en mis telas. Y, por supuesto, el placer de enviar esas telas a otros lugares del orbe, donde son expuestas, y millones de personas se conmueven con “el sufrimiento de la gente en Irak”, o “ver los sentimientos del pintor-soldado impregnados en la tela” y todas esas burdas fantasías. Y es que el arte tiene vida, pero a costa de cuantas muertes…y de cuantas pinceladas rojas mas.
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crítica social,
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relatos
Arabia.

Y cuando veas que el cielo se parta en dos, entre las nubes contorneadas de esferas de agua y las estrellas que son como pequeños destellos de soles lejanos, empezaras a sentir frio. Y la arena calida del desierto partira tus labios con sus granos, que, de ser pequeñas calderas que juntas hacen un infierno de dia, con un sol radiante que quema tu cara y te quita toda esperanza de encontrar hidratacion al final delcamino, pasan a ser pequeños cubos de hielo, que te producen dolor y ansias de encontrar algun lugar donde cobijarte de esa triste noche de frio. El rocio, el rocio baña tu cara, luna llena, fulgores de soles vacios, estrellados, sin vida, que dan paso a tu hermosuta, oh, luna. Aunque te presentes ante mi, sobre este camello en el que estoy andando ene sta noche, de una manera cortada, como quien te haya dado un gran mordisco y te haya presentado ante mi de esta manera, dejando que vea solo un cuarto de tu rostro, como aquellas damiselas que llevan su rostro cubierto para tapar su hermosura y evitar de esta manera ser acosadas y destruidas por los fuertes rayos de nuestro astro dios. Creo, en esta noche, cuando te veo durmiente, y yo aqui, sobre este camello, que es hora de seguir mi camino. No hace falta llevarte en mis recuerdos, oh luna, autentica dama de la noche, porque siempre, vaya donde vaya estaras conmigo. Llego el momento de viajar a la gran ciudad, alli donde todo esta cambiando, alli, donde el desierto se junta con el cemento, y el calor se junta con el frio, y las voces se callan y el silencio suena, alli donde el caos es la paz, y la guerra un terremoto de rosas, y de promesas rotas. Siente las peleas entre las dos mitades de la naranja. Oh luna, no me vuelvas loco, oh luna, haceme explotar. Es el fin, muchos cayeron, es el fin, y tu, mi luna, ya no estas junto a mi.
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cuentos,
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